Hoy en día, cualquier proyecto, sea de la índole que sea, debe plantearse el tener una página Web. Más que nada porque una Web es una tarjeta de presentación del proyecto, además de una plataforma de venta (en caso de tienda on-line) y es... bueno, una obligación, ¿no?
¿Y si nos ponemos rebels? Venga. ¿Tiene sentido que una zapatería de barrio cuyo target es la gente del barrio tenga una página Web? Pues no.
Ahora, si esa zapatería de barrio se plantea dar el salto a un ámbito de actuación territorial mayor, SÍ. O si quiere crear un concepto de marca, o vender on-line... En definitiva, dar el salto al siglo XXI.
Al fin y al cabo, si no te ven, no existes y en época de crisis hay que diferenciarse porque la competencia es atroz.